|
Nuevamente encontramos la desgracia
en la montaña, el fin de semana del
cinco y seis de marzo, unos
compañeros en esta afición por la
naturaleza han perdido la vida.
En la
cara sur del Mulhacén, tres
aficionados ingleses murieron de
hipotermia durante el temporal que
azotó la península. En el Pirineo
un esquiador catalán fue sepultado
por un alud. Tristes, muy tristes
son estas noticias, pero una vez más
abren la polémica en cuanto a la
seguridad en la montaña.
Los
montañeros ingleses fueron
encontrados sin el equipo adecuado,
protegidos del frío en una cueva
escavada en la nieve, gracias al
aviso que dio a las autoridades el
hijo de uno de los fallecidos,
integrante también de esta
excursión. Nuevamente nos
encontramos con un caso de fatales
consecuencias en el que no se
respetaron ni las más mínimas
medidas de seguridad.
La
montaña y los deportes que en ella
se practican pueden ser considerados
de riesgo, pero sin duda esta
consideración se hace real y se
multiplica cada vez que nos tomamos
a la ligera las recomendaciones
sobre seguridad que todos debemos
conocer y practicar. Si bien es
importante nuestra integridad
física, no lo es menos la de todos
aquellos profesionales que arriesgan
su vida para intentar rescatar a los
montañeros en apuros, a estos
profesionales hay que agradecer su
labor intentando que trabajen lo
mínimo posible.
Todas las
recomendaciones que se realizan
sobre seguridad, de nada valen si se
sigue infravalorando la peligrosidad
del medio, pensando que
nuestras montañas no son de gran
dificultad o creyendo que todo es
fácil porque otro ya lo realizó.
Deberíamos preocuparnos más por
transmitir a la gente en general que
todo lo que se realiza en el monte
conlleva un riesgo asumible, siempre
y cuando estemos preparados de forma
adecuada para la realización de
estas actividades. También pedir a
instituciones, federaciones y demás
estamentos que se preocupen de
transmitir a la población qué se
puede realizar y qué no, exigiendo
para cada caso una acreditación de
nivel, o al menos indicando la
entrada a terrenos de complicación
técnica, los que deberían estar
siempre guardados, al menos
aquellos lugares de mayor afluencia
de visitantes.
No subestimar nunca a la naturaleza
ha de ser una constante en nuestra
forma de ver la montaña. No por no
superar una altitud determinada o no
estar en un centro de peregrinación
internacional por su historia
montañera o atractivo, hemos de
rebajar nuestras alertas.
Suena ya a tópico, oído una y otra
vez, pero lo importante es regresar,
la montaña siempre estará ahí, y
dejar pasar una oportunidad por
tener una sola duda puede salvarnos
la vida, con lo que podremos
regresar e intentar nuevamente
nuestro objetivo.
Por favor os ruego a todos ser
prudentes y hacer que los que os
rodean lo sean también.
13/03/06
David
Granados Nieto.
|